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¿Cómo imaginamos el espacio público?

by on October 26, 2016

Del CETRAM Chapultepec sabemos que el Gobierno de Miguel Angel Mancera decidió transformar el paradero que se encuentra al lado de la Secretaría de Salud, en una zona que hasta hace unas décadas era parte del Bosque de Chapultepec y que todavía hoy en los mapas del INEGI es parte de la Delegación Miguel Hidalgo aunque, oportunamente, la SEDUVI lo empujó a la Delegación Cuahutémoc y le consiguió número oficial sobre Avenida Chapultepec y que, progresivamente, le fue sumando pisos permitidos hasta alcanzar los cuarenta, para construir una “muy necesaria” torre de oficinas de lujo —con la mejor vista de la ciudad, cosa de la que el Gobierno capitalino no sacará provecho como si gestionara con inteligencia los bienes públicos—, un hotel, también de lujo, faltaba más, un centro comercial —eliminados los “molestos” ambulantes— con todo y su —absurdo— estacionamiento para 1870 automóviles —una auténtica política inteligente de movilidad es mera retórica para el señor Mancera— y, de paso, como por casualidad, un par de sótanos donde, entre locales comerciales, más de 250 mil usuarios cotidianos del transporte público caminarán para pasar del metro al micro o del micro a la ciudad.

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Sótano a -4 metros : “mezzanine”

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Área de Transferencia Modal norte, a -11 metros

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Lo que no sabemos —o al menos yo no he visto y no he encontrado respuesta oportuna al preguntar a algunos funcionarios del Gobierno del xDF— es cómo serán esos dos sótanos. Sí, hay unas plantas arquitectónicas donde podemos ver uno de esos largos pasillos, de unos ocho metros de ancho, un muro de un lado y escaparates de comercios del otro. Ese pasillo está en el primer sótano —que lleva en los planos el metafórico nombre de mezzanine aunque está entre 4 y 5.50 metros bajo el nivel de la banqueta. De ahí se baja al segundo sótano, donde estará el área de transferencia modal (ATM) norte, es decir, el espacio donde uno bajará o subirá a los autobuses, a 11 metros bajo el nivel de la banqueta. Más allá de eso no he visto nada y cuando he preguntado —de manera informal hasta ahora— cómo serán esos espacios, no he obtenido respuesta clara. ¿Habrá maquetas a detalle, secciones más claras, perspectivas y acaso hasta alguna animación para saber por dónde pasarán más de 200 mil personas cada día, acaso 300 mil? Por supuesto, supongo debe haber estudios técnicos sofisticados y precisos que expliquen por qué es mejor enviar a todas esas personas, para tomar el autobús, a un sótano a 11 metros de profundidad y por qué lo mejor para la mayoría es que la mayoría de los usuarios se mueva en el subsuelo y, digamos, al llegar al metro Chapultepec no salga y vea el Bosque en el espacio donde esperará el autobús que lo llevará a su destino y destinar, por tanto, buena parte del espacio construido en planta baja a usos comerciales —que tal vez nuestros funcionarios supongan son “públicos”. Sí, habrá zonas abiertas y arboladas, pero si la mayor parte de los 200 mil o más usuarios van de paso, ¿no se podría imaginar una manera agradable para todos ellos de hacerlo? Tal vez esos dos sótanos, a 11 y 5 metros bajo el nivel de banqueta y entre locales comerciales uno de ellos, sean portentosos espacios en los que cada usuario se regocije, aunque sea un momento, en su tránsito diario de su casa a su trabajo y de vuelta, pero eso yo no lo he visto —y he preguntado. ¿Cómo se imaginan los responsables del espacio público, del desarrollo urbano y de la movilidad de esta ciudad esos espacios? Y digo cómo se los imaginan literalmente: con imágenes, además de los estudios técnicos y financieros. ¿Qué ejercicios han hecho para ponerse en lugar de los miles de usuarios y pensar en el mejor espacio posible para ellos, además de garantizar el buen resultado de la inversión? En otras ciudades, donde se tome en serio un eslogan como «decidiendo juntos» —con el que Mancera acompañó su campaña para luego, retórica y literalmente, olvidarlo— los futuros usuarios de esos espacios ya habría podido verlos representados, ¡y opinar al respecto! En otras condiciones, los funcionarios del gobierno de la ciudad estarían preocupados por representar a los ciudadanos y exigir a los inversionistas y a sus arquitectos mostrar y demostrar que se ha planeado el mejor espacio posible para los usuarios. Acaso lo estén haciendo y su discreción impida que nos compartan los resultados de sus esfuerzos o tal vez carezcan de la voluntad o de la capacidad de intervenir en esas decisiones. En ambos casos es grave. ¿Seguiremos con la duda de cómo será ese espacio de la ciudad hasta el momento en que lo veamos, por la necedad del gobierno en turno, finalmente construido?

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