Skip to content

Del (des)gobierno del DF y el concurso de la Merced

Alejandro Hernández Gálvez | @otrootroblog

Desde el año 2000, cuando el PRD se hizo cargo del gobierno de la ciudad de México mucho ha cambiado. A riesgo de repetir el lugar común de la publicidad oficial, sí se ha convertido en una ciudad de vanguardia social en el país y a nivel global. Antes que en el resto del país, aquí hubo una pensión general para mayores de 65 años, se despenalizó el aborto en las primeras doce semanas de gestación, se legisló sobre la convivencia y luego sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo y el derecho a adoptar. Mucho, pues. Pero también ha habido rezago e incluso retroceso. Del 97 a la fecha, el PRD en el Distrito Federal ha funcionado reutilizando, a veces de manera más refinada pero generalmente mucho más burda, los mecanismos políticos que siempre le criticó al priismo, desde el clientelismo y los privilegios a grupos particulares hasta el uso discrecional del dinero y los proyectos públicos. No en balde se le reclama al PRD con frecuencia —y a veces no sin razón— su vieja ascendencia priista.

Por ejemplo, si esquemáticamente durante el priismo el modelo de gobernante de la ciudad era, o bien el que hacía de manera autoritaria lo que le venía en gana —Urruchurtu o Hank González, por ejemplo— o el que no hacía absolutamente nada, siguiendo la máxima clásica de Fidel Velázquez —no moverse para salir en la foto—, en los más de 16 años que lleva el PRD gobernando la ciudad de México, hemos tenido variaciones un tanto más complejas de esos dos modelos. Si Cuauhtémoc Cárdenas fue eficiente más discreto y Rosario Robles se empantanó y manchó, López Obrador y Ebrard prefirieron utilizar la ciudad como tribuna y soñaron construir su camino directo a los pinos en segundos pisos mal planeados y peor construidos; ambos entregaron proyectos inconclusos o mal planeados, sea la Universidad de la ciudad de México o la línea 12 del Metro. Hoy Miguel Angel Mancera parece haberle apostado más bien al otro modelo: no hacer nada o hacer poco. No es que su gobierno sea discreto sino que, a casi un año de haber tomado el cargo, parece, al menos en temas urbanos y arquitectónicos, aletargado cuando no ocurrente pero sin sustento.

Su política urbana parece ser la de anunciar proyectos planeados sobre las rodillas sin que resulte claro si las posibilidades reales de su realización han sido bien estudiadas. Así, presumieron las ZODES y hasta anunciaron famosísimos arquitectos a cargo de un proyecto del que hoy casi no se habla. Luego su secretario de Desarrollo Urbano y Vivienda, Simón Neumann, anunció 10 “megaproyectos” urbanos que no son otra cosa que pequeñas acciones cosméticas prácticamente sin importancia a la escala de una ciudad de 10 millones de habitantes y otros tantos en su zona metropolitana, como el remozamiento de Mazaryk para transformarla en la necesarísima 5ª avenida de la ciudad de México —aparentemente otro proyecto, junto al nefasto corredor turístico y cultural Luis Barragán, del delegado de la Miguel Hidalgo al que se le sumó el gobierno de Mancera. A veces parece como si a Mancera, con tres minutos y un micrófono en la mano, se le pudiera ocurrir cualquier cosa —como otro Museo del Niño en Iztapalapa— sin explicar nada del por qué ni el cómo de esos proyectos.

Hace poco, Salomón Chertorivski, secretario de Desarrollo Económico del gobierno de Mancera, anunció el inicio de trabajos de demolición en parte del mercado de la Merced y un futuro plan integral para la zona —cuando lo lógico hubiera sido tal vez a la inversa. Tras críticas y la intervención del INBA, el gobierno de Mancera se decidió hacer algo que hasta ahora parecía contrario a su costumbre —pese a que su partido incluya el adjetivo democrática en sus siglas—: un concursos. Aunque, para ser justos, ese no es defecto únicamente del gobierno de Mancera: lo es a nivel nacional, y en el DF, desde que el PRD llegó al poder, se convocaron, según recuerdo, tres concursos abiertos y públicos: el Zócalo, la Casa de las Ajaracas y la Plaza de Taxcoaque —ninguno, por cierto, se realizó. En cuanto a Mancera, ninguna de sus ocurrencias urbanas ha supuesto la necesidad de un concurso, mucho menos público y abierto, para los proyectos que suponen —para quienes desconocen el medio arquitectónico cabe aclarar que las licitaciones, en las que normalmente participan tres propuestas, no son concursos: usualmente el “ganador” solicita a dos amigos cercanos un par de presupuestos con un costo mayor al suyo para, de ese modo, garantizar su “triunfo.”

En fin. Se convocó el concurso para el “Anteproyecto Conceptual del Plan Maestro de la zona comercial conocida como la Merced.” El cierre de inscripciones era el 15 de noviembre y la visita al sitio mañana, 18 de noviembre, para después responder las preguntas de los concursantes. La fecha de entrega del anteproyecto se marcó el 13 de diciembre y el fallo del jurado el 16. Del jurado sólo se dio el nombre del presidente honorario: Jacobo Zabludovsky. El primer premio del concurso es un diploma acompañado de 150 mil pesos y “en su caso, la participación en la elaboración y desarrollo del Plan Maestro para el Rescate Integral de la Merced.” El concurso está avalado por el Colegio de Arquitectos de la ciudad de México y la Sociedad de Arquitectos Mexicanos —de nuevo, para quienes desconozcan el gremio de los arquitectos, el Colegio (al igual que otros en distintas ciudades del país) es un organismo desgastado y que sin representatividad: en la ciudad de México sus agremiados no rebasan los 2 mil.

La semana pasada se anunció una prórroga en la inscripción al concurso, del 15 al 22, y el cambio de la visita al sitio —del 18 al 27— y que la junta de aclaraciones se posterga hasta el 28 de noviembre. Sin embargo, la entrega del anteproyecto se mantiene el 13 de diciembre. Eso quiere decir o que los organizadores del concurso —gobierno del DF y CAM-SAM— piensan que la visita importa poco, o que un problema de esa magnitud se resuelve rápido —pues no cambian las fechas de entrega— o, probablemente, que da igual: al fin se trata del concurso para el anteproyecto conceptual que sólo “en su caso” será tomado en cuenta en la elaboración y desarrollo del plan maestro. Todo esto parece confirmar la incapacidad o desinterés de los gobiernos perredistas de la ciudad de México, en especial del que encabeza Miguel Ángel Mancera, para que los proyectos públicos de urbanismo, arquitectura y diseño, sean concursados y discutidos amplia y claramente.

Nuestra incapacidad de ofendernos

Alejandro Hernández Gálvez | @otrootroblog

Hace unas semanas estuve en Chihuahua y me contaron algo que podría ser tema para un cuento de algún escritor con pretensiones a un realismo mágico algo trasnochado. Resulta que al gobernador Cesar Duarte se le ocurrió trasladar el mausoleo que Pancho Villa se hizo construir  en 1914, cuando también era gobernador de Chihuahua. Según leo en Wikipedia, Villa le encargó a Santos Vega, maestro cantero que trabajaba en la construcción de su casa, un mausoleo en el viejo panteón de Nuestra Señora de la Regla. Parece que la única instrucción que recibió el cantero fue un lapidario más vale que me guste, a lo que respondió —sigue Wikipedia— con un magnífico edificio de cantera rosa estilo neoclásico aderezado con neogótico. Ante tal portento Villa no pudo más que afirmar, dicen, ¿sabe qué?, me gusta mucho. Duarte, ocurrente como Villa, pensó que el mausoleo se vería mejor en la Plaza del Ángel —una maravilla inaugurada el 15 de septiembre del 2003 y adornada por El Ángel de la Libertad, descrito como una estatua giratoria de 6 metros empuñando en la mano derecha una espada que lanza un rayo. Como si Duarte fuera Erdoğan y el mausoleo la plaza Taksim, la gente se opuso a la mudanza. Pero eso no detendría al gobernador en su afán por embellecer su ciudad y decidió que si no se podía mover el original, se haría una copia. Carlos Carrera Robles, coordinador de proyectos especiales del estado, dijo que sería “como en los museos, que luego se acude a réplicas, porque no se pueden tener los originales, siempre habrá opiniones que estén a favor y en contra.” Por cierto, Carrera también estuvo a cargo de abrirle un balcón al palacio de gobierno con vistas a la Plaza del Ángel, supongo que para que Duarte pudiera ver desde ahí el glorioso espectáculo de la estatua giratoria y su espada de rayos laser.

Para pesar de Duarte y de su arquitecto, el pueblo —o de menos algunos haciéndose pasar por aquél— se opusieron también al duplicado. Hubo una manifestación. Duarte, más sabio que Salomón, dijo que “a pesar de que iba a ser una obra que embellecería el primer Cuadro de la Ciudad y resaltaría la memoria de un hombre ilustre, no era razón suficiente para que se confronte a los chihuahuenses” y la detuvo. Incomprensible que la gente, tras rechazar la gran idea de mover el original, se negaran a agregar con una copia un poco más de belleza a la del ángel giratorio por poco más de 8 millones de pesos.

La historia —que puede no ser más que una curiosidad que revela el mal gusto y las pocas ideas de un gobernante y la incapacidad de su equipo de hacerle ver no que vaya desnudo, sino disfrazado de imbécil— revela lo que pasa todos los días y por todas partes, desde el municipio más olvidado o el gobierno de cualquier estado hasta la delegación más pudiente o el gobierno de la gran y majestuosa ciudad de México. Pero sin reglas claras ni frenos que realmente hagan que los proyectos públicos se planeen, diseñen, otorguen, construyan y supervisen con claridad y transparencia, seguirán siendo el botín de pillos muy ambiciosos pero con pocas ideas y peor gusto. Sólo el desastre y la tragedia parecen servir para que dirijamos nuestra atención a esa podredumbre —a esa calamidad de lo públicocomo escribió Jesús Silva Herzog Márquez respecto a lo que ocurrió con las lluvias torrenciales hace unas semanas.

Otro caso, terrible, también sucedió recientemente en Chihuahua: el municipio pagó más de 11 millones de pesos a una “sociedad civil” que a su vez pagó menos de 500 mil pesos a un particular para organizar un espectáculo; éste contrato, seguramente por unos cuantos miles de pesos, a un chofer cuya edad y condición física no eran las mínimas requeridas para lo que debía hacer: manejar un enorme y pesado camión en una pista accidentada que, además, no cumplía con ninguna medida de seguridad. El resultado: nueve muertos y decenas de heridos. Sin las víctimas, seguramente el timo habría pasado desapercibidos como otros tantos. Lo peor será que esa historia, junto con la de los desastres causados por las inundaciones o la autopista del sol —confesamente mal hecha—, o los niños muertos en el incendio de la guardería y muchas otras más, junto con otras ridículas como las ocurrencias de Duarte —o de Moreno Valle y su gigante rueda de la fortuna en Puebla o de Mancera y su enésimo Sebastián en el Distrito Federal— pasarán al anecdotario nacional mientras nuestra capacidad de ofendernos, de enfadarnos y de actuar en consecuencia parece ya, para siempre, reducida al mínimo.

Más sobre el concurso para la Bienal

Antonio Gallardo | @papantonio

Van algunas reflexiones y consideraciones con relación a la convocatoria para la curaduría de la participación de México en la Bienal de Venecia del 2014.

Primero hay que aplaudir que CONACULTA, a través de la Dirección de Arquitectura y Conservación del Patrimonio Inmueble del INBA, haya lanzado la convocatoria.

Sin embargo, se presentan muchas dudas que podrían aclararse antes del cierre de inscripciones el próximo lunes.

La convocatoria dice que“podrán participar todos los arquitectos en un equipo que incluya un historiador y un museógrafo, y que cuente con la experiencia, la solvencia, la infraestructura y equipo de asesores requeridos”

Ante lo cual surgen varios de mis cuestionamientos: ¿un historiador y un museógrafo con qué perfil?, ¿la experiencia medida en tiempo o en proyectos similares; y cuántos y de qué magnitud?, ¿de qué solvencia se habla: moral, profesional, técnica, económica?, ¿infraestructura física o de que tipo y en que volumen cuantitativo y cualitativo?

La fecha límite de registro es el 30 de septiembre, mientras que la fecha límite para la presentación de la propuesta es el 10 de enero. Paradójicamente a lo que sucede en proyectos de obras públicas, el tiempo para el desarrollo de la propuesta parece demasiado largo, lo que puede hacer pensar que las propuestas serán algo más que conceptuales o incluso a nivel anteproyecto. En muchos concursos de arquitectura, es posible registrase teniendo como límite de inscripción la misma fecha de presentación de la propuesta, abriendo la posibilidad de una mayor participación.

En cuanto al jurado, tal vez una los errores más grandes en una convocatoria es no precisar el nombre y el perfil de los integrantes del mismo. Esto genera incertidumbres y opacidad. En muchos manuales de recomendaciones par la organización de concursos, desde la Unión Internacional de Arquitectos, e incluso en nuestro país, del Colegio de Arquitectos de la ciudad de México, se establece la conveniencia de integrar el jurado antes del inicio del propio concurso. Expresar que el jurado será integrado por reconocidos profesionistas, no es suficiente, pues no se indica que tipo de profesionistas.

Por otro lado se ofrecen tres premios iguales mientras sólo habrá un proyecto ganador. Surge entonces otra duda: sin dejar de reconocer que el segundo y tercer lugar tiene un mérito, ¿no sería mejor asignar ese monto al presupuesto para el desarrollo del proyecto ejecutivo?

La falta de claridad en la convocatoria hace necesario solicitar las bases. En mi experiencia en asociaciones gremiales y profesionales locales, nacionales e internacionales, se pueden emitir recomendaciones para no participar si no hay buenas bases que, sin ser una garantía, si pueden ser cimiento para buenos resultados. Malas bases, falta de claridad, transparencia y demás errores, sí pueden ser casi una garantía del fracaso.

La oportunidad que se presenta para la tercera participación oficial de nuestro país en uno de los eventos más relevantes no se debe desaprovechar. A partir de la excelente decisión de haber lanzado una convocatoria abierta hay que señalar los reparos que planteo. Existe aun la posibilidad de aplicar mejorar esta convocatoria, buscando que los resultados sean transparentes. Las mismas sesiones de preguntas y respuestas deben de considerar lo anterior y resolver con claridad y oportunidad las condiciones del concurso para evitar sorpresas y suspicacias.

El concurso para la Bienal

Alejandro Hernández Gálvez | @otrootroblog

Por fin salió la convocatoria para el concurso abierto del curador o grupo de curadores para la participación mexicana en la Bienal de Arquitectura de Venecia, que se inaugura en junio del próximo año —es decir, dentro de ocho meses y ocho meses después de que se dieron a conocer el director, Rem Koolhaas, y el tema, Fundamentals. Antes enviamos una carta a Dolores Martínez Orralde, directora de Arquitectura y Conservación del Patrimonio Artístico Inmueble del INBA. propusimos que, pese al corto tiempo, se convocara de manera pública y abierta a un concurso para los cargos de comisario o curador — en la carta también nos comprometimos a no participar ni como curadores ni como arquitectos en la bienal para evitar conflictos de interés y suspicacias. la convocatoria se publicó por fin ayer —es ganancia. Pero, pese a que tuvieron ocho meses para plantearla, quedaron algunos cabos sueltos, y no menores.

En la misma carta poníamos como ejemplo el concurso que organizó para la misma bienal el consejo nacional para las artes de chile. enumero tres diferencias importantes en relación con el caso chileno.

Primero sobre los participantes. Allá se leía en el sitio web que podían hacerlo “tanto chilenos como extranjeros residentes en chile, que sean arquitectos con experiencia comprobada en proyectos curatoriales, editoriales, de investigación o expositivos,” y en las bases del concurso —un pdf que se descarga del mismo sitio— se lee que el postulante “podrá presentar de forma voluntaria una nómina individualizando a un equipo asesor cuyos integrantes podrán ser chilenos o extranjeros, que colaborará en la propuesta y que podrá constituirse por especialistas en teoría, historia y crítica de la arquitectura chilena de 1914 al 2014, en diseño y montaje de exposiciones o museografía, en dirección de arte y diseño gráfico o en iluminación.” Acá “podrán participar todos los arquitectos en un equipo que incluya un historiador y un museógrafo, y que cuente con la experiencia, la solvencia, la infraestructura y el equipo de asesores requeridos para realizar y coordinar el desarrollo de un proyecto en los tiempos previstos”. En otras palabras, el museógrafo y el historiador acá son obligación, además de la curiosa exigencia de “la infraestructura” —¿a qué se refieren?— para realizar y coordinar el desarrollo del proyecto en los tiempos previstos —con la escasa previsión que caracteriza a nuestros burócratas culturales.

Segundo sobre el jurado. En el caso chileno se dan los nombres de seis —Beatriz Colomina, Fernando Pérez Oyarzun (ambos jurados internacionales), Rodrigo Pérez de Arce, Enrique Walker, Sebastián Gray y Pablo Allard, además de un arquitecto representante de los concursantes —es decir: los concursantes proponen nombres para un jurado y votan por uno. Acá el sexto punto de la convocatoria dice “el jurado seleccionará el primer, segundo y tercer lugares.” Ningún nombre, así que no sabemos quién juzgará, si hay jurados internacionales y menos si habrá —cosa por demás improbable— un jurado representante de los concursantes.

Tercera diferencia: justamente lo de los tres lugares. En el caso chileno la mecánica era seleccionar las diez propuestas más idóneas —”de conformidad a los criterios de evaluación,” que también se publicaban— para presentarse un mes después ante el jurado por los postulantes. acá, tras ocho meses que se tardó el inba en pensar la convocatoria que ayer hizo pública —tres días después de que en chile los diez seleccionados se presentaron ante el jurado— le da a los participantes 19 días para armar un equipo en el que forzosamente debe haber un arquitecto, un historiador y un museógrafo y luego hasta el 10 de enero para presentar su propuesta. Tras el fallo inapelable del anónimo jurado, tendremos tres lugares —¿para qué el segundo y el tercero?— que recibirán, cada uno, 100 mil pesos. el ganador tendrá entonces cinco meses para hacer lo que se llevará a venecia —cantando, tal vez, de los 16 meses que teníamos ya namás nos quedan 5, 5, 5.

Además, en el sitio de la convocatoria chilena se podía consultar el plano del espacio destinado a la muestra. Acá, por supuesto, no. De hecho la convocatoria del INBA dice que la muestra tendrá lugar en el Arsenal, cuando se supone que méxico ya tenía un pabellón en la iglesia de San Lorenzo —más allá del hecho de que ese lugar, además de la romántica belleza de la ruina, parece tenerlo todo en contra— y por lo que publicó el periódico Excelsior, no tuvieron respuesta de por qué el cambio —¿o duplicidad?— de sede.


En fin. Qué bien que el grupo a cargo de la participación de México en la Bienal de Arquitectura de Venecia se seleccione en un concurso abierto y no, como es costumbre aquí, según el gusto o los compromisos del funcionario en turno —esperemos y exijamos que eso pase cada vez más y en todo tipo de proyecto público, desde la delegación o el municipio hasta los encargos de los pinos. Pero qué mal que, como si fuera una concesión en vez de su trabajo o tal vez por las prisas —tras ocho meses perdidos en prepararla— o por no haber revisado otras similares —no lleva más de media hora buscar y leer y enterarse— la convocatoria presentada por la burocracia del INBA tenga tantos cabos sueltos y  su claridad y hasta la transparencia queden comprometidas, generando, inevitablemente, suspicacias —al menos de quienes, como yo, acostumbramos a pensar mal.

respuestas

Respuestas a la carta que enviamos al INBA.

En respuesta a su atenta comunicación, y por indicaciones de la Directora General del Instituto Nacional de Bellas Artes, María Cristina García Cepeda, agradezco sus observaciones y expreso a ustedes nuestra coincidencia con algunos de sus puntos de vista.

Asimismo, hago de su conocimiento que desde un principio se planteó hacer una convocatoria abierta, misma que pronto se hará pública.
 
Quedo a sus órdenes para cualquier comunicación adicional que requieran.
 
Favor de confirmar que recibieron este correo.
 
Dr. Xavier Guzmán Urbiola
 
 
 
Estimados amigos:
 
En atención de su comunicado, sé que ya enviaron por esta vía acuses de recibido tanto la Directora General del Instituto Nacional de Bellas Artes, María Cristina García Cepeda, como el Subdirector General de Patrimonio Artístico, Xavier Guzmán Urbiola, reitero y comparto el interés de la Dirección a mi cargo en el tema de la Bienal de Arquitectura 2014.
 
Me sumo también al agradecimiento de sus observaciones y a la coincidencia con algunos de sus comentarios y les informo que pronto se hará pública la convocatoria.
 
Favor de confirmar que recibieron este correo.
saludos cordiales
 
Dolores Martínez

Sobre la Bienal de Venecia 2014

Arquitecta Dolores Martínez Orralde

Dirección de Arquitectura y Conservación del Patrimonio Artístico Inmueble

Instituto Nacional de Bellas Artes

PRESENTE

1º de Septiembre del 2013

Estimada Arquitecta Dolores Martínez:

En seguimiento a la comunicación que establece que la Dirección que usted encabeza se hará cargo de la participación de México en la próxima Muestra Internacional de Arquitectura de la Bienal de Venecia 2014, deseamos exponer las siguientes recomendaciones con objeto de lograr que el Pabellón que representará a nuestro país cumpla con las mejores condiciones profesionales e institucionales, en el marco de un proceso transparente y sujeto a normas y procedimientos que le den legitimidad y calidad.

Desde hace varios años, muchos profesionales e instancias gremiales hemos expresado nuestra preocupación tanto por mantener una presencia constante en los más importantes foros de arquitectura a nivel internacional, como por mejorar los procedimientos de selección y participación en los mismos.

Han pasado más de 8 meses desde que se anunció el director y el tema de la próxima Muestra Internacional de Arquitectura de la Bienal de Venecia, y a pesar de eso en México no ha habido ni convocatoria ni comunicación de cómo se va a decidir sobre el curador, los criterios de selección o los posibles participantes.

En ediciones anteriores las participaciones de México en la Muestra Internacional de Arquitectura de la Bienal de Venecia han contado con presupuestos, tiempos de decisión y definición limitados e incluso en el 2010, a pesar de haberse iniciado un proceso, la participación fue cancelada por motivos diversos. Aún reconociendo que en el 2008 y 2012 se hayan cumplido los objetivos planteados, no se contó con un proceso adecuado de análisis y selección previos y tanto los curadores como los participantes fueron designados de manera directa, precisamente por las limitaciones de tiempo.

Es común que otros pabellones nacionales inicien el proceso de análisis, selección de curador y participantes con tiempo suficiente y a través de procedimientos abiertos, mediante concursos en los que se establecen con claridad los mecanismos para tal efecto. Solo como ejemplo, mencionamos los casos de España y Chile, que pueden servir como modelo para crear nuestro propio proceso.

En este sentido, y aun reconociendo que los tiempos siguen operando en contra, proponemos que para la participación del 2014 se elabore un mecanismo basado en la transparencia, equidad y legitimidad y que cuente con el más alto nivel de competencia. Por lo anterior, proponemos en primera instancia que tanto el INBA como Conaculta establezcan los lineamientos para convocar públicamente a los aspirantes para desempeñar los cargos de Comisario y/o Curador(es), quienes a su vez decidirán sobre los criterios, participantes y conceptos a presentarse en el marco del tema general de la Bienal. Esto puede servir como un innovador y positivo precedente para futuras participaciones.

Quienes suscribimos la presente contamos con experiencia en bienales anteriores, representando sectores del ámbito profesional, gremial, académico y editorial. Pensamos que tanto por las buenas experiencias como por las malas que hemos tenido, podemos contribuir a informar un mejor proceso. Precisamente porque lo que nos interesa es la transparencia y equidad en los procesos, los que firmamos nos comprometemos a no participar en este proceso como curadores o arquitectos participantes para evitar conflictos de interés.

Nos gustaría proponerles una reunión para conocer los objetivos a corto y mediano plazos en relación a la Bienal de Venecia, intercambiar opiniones y así lograr no solo el mejor proyecto posible para el Pabellón de México en la Bienal sino mayor certeza y claridad en los futuros procedimientos. Sobra decir que el tiempo apremia.

Un saludo y agradecimiento de antemano,

Axel Araño, Salvador Arroyo, Eduardo Cadaval, Fernanda Canales Jose Castillo, José Luis Cortés, Antonio Gallardo, Alejandro Hernández, Arturo Ortiz, Francisco Pardo, Felix Sánchez

Las universidades como parte del problema

Texto de Eduardo Cadaval aparecido en portavoz | @edcadavaln

Si todos nos quejamos del estado actual de la arquitectura pública en México ¿por qué no buscar las causas que han originado esta situación? Un ejercicio más riguroso nos pediría ir más allá para  saber quiénes han sido los responsables y buscar cuáles son las posibles soluciones. Dicho análisis exhibiría muchos elementos  que cumplirían la doble condición de ser responsables de lo sucedido y al mismo tiempo parte indispensable de la solución. En un lugar destacado se hallarían las universidades por su importancia y las repercusiones de lo que se  enseña en sus aulas, parece difícil conseguir cambio alguno si éste no ocurre también en los lugares donde se reflexiona y donde se dan los primeros pasos en la larga trayectoria de aprendizaje que requiere la profesión.

México es el país con más escuelas de arquitectura del mundo. Sobra decir que muchas son auténticas bromas o entran en la  fantástica categoría “patito”.  Muchas otras creen que por estar cerca de Dios -según ellos- o tener rimbombantes nombres anglosajones, esquivan esta clasificación, pero la calidad de su enseñanza demuestra lo contrario. No es un tema menor el preguntarse cómo es que todas estas pseudo instituciones han logrando obtener un registro oficial para ofrecer un título universitario, tampoco lo es el que no exista una mínima supervisión sobre el tipo de educación que ofrecen.  En un país tan desigual como México, la calidad de la educación es un elemento que contribuye al  desequilibrio: si la calidad de la enseñanza es desigual, las oportunidades también lo serán.

Lo dramático es que las escuelas patito no son el verdadero problema. Sí lo son la mayoría de las grandes escuelas de arquitectura del país que, por omisión o enfoque, han contribuido a la situación actual. Las universidades no se han preocupado por construir un ámbito laboral apropiado donde sus egresados puedan desenvolverse. En las escuelas de arquitectura no  existe un debate en torno a las  condiciones laborales o temas gremiales que permitan crear espacios para el adecuado ejercicio de la profesión. No hay ninguna discusión sobre cómo se debe gestionar la arquitectura pública del país. Nadie asesora o propone lineamientos a las dependencias gubernamentales sobre cómo deben llevarse a cabo los proyectos financiados con dinero público. Las instituciones académicas no ejercen presión alguna para que las cosas cambien y ni una sola facultad o escuela puede jactarse de ser pionera en este ámbito o de  tener expertos trabajando en temas de desarrollo laboral  o sobre condiciones equitativas para la profesión. Sus investigadores publican ensayo tras ensayo sobre arquitectura virreinal o sistemas paramétricos  pero nadie trabaja sobre temas gremiales de urgente actualidad.

¿No parece irresponsable preocuparse sólo por formar estudiantes y descuidar las condiciones en las que estos trabajarán?  ¿Cómo un profesor puede exigir el compromiso de sus alumnos sabiendo que al final se enfrentaran  a un sistema carente de reglas si él no hace nada por cambiarlo? En el caso de las universidades públicas este compromiso debería ser indiscutible. Como instituciones financiadas por el conjunto de la sociedad, su responsabilidad última debiera ir mucho mas allá de tan solo formar  licenciados. Deberían ser capaces de influir en otros ámbitos de  la profesión para así responder a las verdaderas demandas del país.

En el caso de las universidades privadas no existe ninguna razón para que esta exigencia fuese distinta. El problema es que muchas de ellas se han convertido en burdos negocios  donde los estudiantes son tratados como  clientes. No se les enseña, se les atiende.  Nadie reprueba y  lo importante es que los alumnos  estén cómodos y paguen su colegiatura. El propósito principal ya no es educar sino mantener la  maquinaria funcionando: que las inscripciones no caigan; y para eso las escuelas han de trabajar con temas atractivos aunque a veces resulten superficiales. Dejan de lado discusiones sobre el estado de la profesión y sus contingencias porque a sus ojos resultan de gestión o  para malos arquitectos.

A quien considere que  exagero  le pido se pregunte  ¿qué papel juegan las universidades en el estado actual de la profesión y cuál es el que realmente deberían jugar? Las escuelas de arquitectura están cada día mas desligadas de las problemáticas reales de la profesión y lo que es peor es que se  consideran ajenas a muchas de las discusiones que afectan  a ésta.  En el caso particular de la que atañe a  la arquitectura  pública en México,  las universidades tendrían que aportar un poco de luz y claridad al tema,  ser uno de los epicentros del debate sobre cómo ésta se debe gestionar y presionar para que  las cosas se hagan de forma correcta. Tener profesores e investigadores proponiendo soluciones y explorando nuevos caminos que permitan, por ejemplo, crear condiciones claras y justas de contratación de proyectos y servicios. Brindando asesorías a gobiernos, ONGs o instancias financiadoras y coordinando grupos interdisciplinarios entre facultades para poder abordar los distintos aspectos que una reforma o ley requeriría.

Quizá lo más importante es que todo lo anterior permitirá crear una ambiente  donde los estudiantes  se formen en una nueva cultura de transparencia y exigencia en el rendimiento de cuentas. En el caso de cómo se gestiona la arquitectura pública del país no se logrará ningún cambio real si éste no cuenta con el respaldo del mundo universitario y, sobre todo, sin el apoyo y  la fuerza de los estudiantes y los arquitectos jóvenes. Intuyo que en este tema  más pronto que  tarde las nuevas generaciones terminarán por darnos una gran lección a todas las anteriores para ayudar a que las cosas cambien definitivamente .

la bienal de venecia

Alejandro Hernández Gálvez | @otrootroblog

hace seis meses —el ocho de enero del 2013— se anunció al director de la bienal de venecia del 2014: rem koolhaas. más allá de lo que algunos piensen sobre koolhaas, la noticia era buena por dos razones: la capacidad demostrada del holandés para plantear de manera crítica temas importantes no sólo para la arquitectura como disciplina sino para la cultura actual en general, y la anticipación, que permitiría mayor planeación tanto de la parte principal de la exhibición como de las exhibiciones de los distintos países que participen. daba tiempo perfecto para entender el planteamiento de koolhaas y actuar en consecuencia.

koolhaas ha propuesto como título de la muestra fundamentalsuna bienal “acerca de arquitecturas y no de arquitectos” que intente entender las historias, múltiples pero convergentes —la idea de koolhaas es que las identidades locales han ido desapareciendo— de los cien años que han pasado del estallido de la primera guerra, en 1914, al próximo año.

hoy faltan 11 meses para que se inaugure la bienal de arquitectura de venecia del 2014 —el 7 de junio— y, que yo sepa, en méxico aun no sabemos de qué se tratará ni cómo será lo que envíe el país. lo lógico sería que, como en otros países —chile, estados unidos, canadá o australia, por ejemplo— ya se hubiera convocado a un concurso para seleccionar una propuesta y al o los curadores o curadoras que estarán a cargo. aunque ya lo sabemos: acá eso no se acostumbra. lo usual es el dedazo: la asignación directa del encargo.

no sólo habría que esperar —paciente y pasivamente— sino, como gremio, exigir al consejo nacional para la cultura y las artes y a su presidente, rafael tovar de teresa, al instituto nacional de bellas artes y su directora, maría cristina garcía cepeda, a los colegios y asociaciones de arquitectos del país, que pongan manos a la obra, que no desperdicien esos once meses y que, a la brevedad, publiquen las bases del concurso para la curaduría, pues el tiempo ya es justo para poder preparar algo inteligente e interesante que llevar a venecia. si no lo hacen, y pronto, será muestra no sólo de irresponsabilidad sino de total desinterés por las formas democráticas.

Los concursos de arquitectura

Texto de Mauricio Gómez Mayorga, publicado en 1946*

Pocas actividades arquitectónicas hay que, como los concursos de arquitectura, estimulen tanto y tan eficazmente las facultades creadoras del arquitecto. Diríamos que los concursos constituyen un necesario complemento de la carrera; una continuación de la escuela: una manera de forzoso curso de composición para postgraduados, sin el cual corre peligro el arquitecto de estancarse y de convertir su ejercicio profesional en mera tarea rutinaria sin contenido espiritual (y la arquitectura no es tal arquitectura si no tiene un contenido espiritual).

Pero no solamente a los arquitectos educan los concursos de arquitectura. El público que se entera de tales concursos, que asiste a las exposiciones de anteproyectos, que se entera por la prensa y por el cine de esas actividades: que oye hablar de los miembros del jurado y de los fallos que dan éstos, también recibe una importante educación arquitectónica de amplia difusión, que en nuestro medio es indispensable y de excepcional importancia. Para que ellos sea posible hace evidentemente falta que haya concursos de arquitectura. Hace falta que las empresas privadas, el gobierno, los sindicatos, las autoridades eclesiásticas organicen concursos de arquitectura y convoquen a los arquitectos. Pero no basta seguramente que haya frecuentemente concursos, y que los arquitectos hagan a un lado sus ocupaciones y entren a ellos.

Para que los certámenes rinda plenamente su servicio profesional y público y den de sí todo cuanto de ellos se espera, es preciso que a lo largo de toda su delicada y compleja elaboración y cumplimiento se observen prolija y escrupulosamente todos los necesarios principios de técnica y de ética profesional que deben normarlos. Es preciso que las justas de arquitectura constituyan el más alto exponente de cultura profesional que pueda darse; es necesario que estén al margen de personalismos, de pequeñas conveniencias, de intrigas menudas, de politiquerías, de envidias y de egoísmo.Para ello estas competencias deben estar cuidadosamente organizadas, deben tomar como base los lineamientos generales que con una acumulación de experiencia tiene formulados la Sociedad de Arquitectos Mexicanos; deben escoger de manera más escrupulosa un jurado idóneo e imparcial. La convocatoria debe ser un documento sumamente preciso, definitivo, inequívocamente claro, sin contradicciones ni ambigüedades, ni puntos oscuros que provoquen interpretaciones diversas de los concursantes o constantes consultas al Asesor Técnico. Miembros del jurado, asesor, fechas, compensaciones y premios; lugar, día, hora, condiciones de entrega; número de trabajos: todo debe ser notarialmente preciso y debe dar al presunto concursante una impresión de confianza, de firmeza, de seriedad.

Después, en el desarrollo del mismo concurso, toda prolijidad y todo rigor serán poco. Cualquier descuido en la observancia de las bases por parte de los organizadores, de los convocantes, o del asesor, puede ser causa del fracaso de desprestigio del concurso. El anonimato, por ejemplo, condición moral número uno, puede perderse en el momento de ser cometida la más insignificante indiscreción. En este delicado punto, concursantes, organizadores, asesor y miembros del jurado deben ser meticulosos hasta la exageración y deben absolutamente tener la rectitud moral suficiente para cuidar ese anonimato como de la totalidad del concurso. Cuando, como ocurrió inexcusablemente en el concurso al que está dedicado el presente número de esta revista, la exposición pública de los trabajos se abre antes de que falle el jurado, y antes de que ese fallo se dé a conocer, entonces hasta la sombra del anonimato desaparece, con grave perjuicio de la marcha del concurso y con un resultado de la desorientación para el público y de disgusto justificado de los concursantes.

La exposición pública de los trabajos es punto de capital importancia. Los concursos de Arquitectura tienen, como decíamos, una alta misión educativa de trascendencia colectiva. No sólo educan al concursante en la creación y en la disciplina; no sólo educan (o deberían educar) a los jurados en la crítica y en el ejercicio de la justicia, sino también, y muy importantemente, deben educar al público en general sobre el aspecto, el sentido, la aplicación de la arquitectura y la función social de los arquitectos. Cuando la exposición está debidamente organizada y ha quedado en manos del asesor técnico o de persona escogida para el caso y muy particularmente, cuando esa exposición al público después de dado a conocer oficialmente el fallo del jurado, entonces es cuando su sentido de orientación cultural de la gente alcanza un máximo.

En varios, en casi todos los concursos que hemos tenido recientemente en la ciudad, hemos visto descuidarse o ignorarse en forma a veces grave las condiciones que hemos apuntado, y sin cuyo exacto cumplimiento estas justas son más perjudiciales que benéficas. Hemos visto convocatorias confusas y mal redactadas, premios raquíticos, fallos increíbles, compensaciones que no se pagan, jurados contradictorios, opiniones que se hacen públicas antes de que el fallo sea oficialmente conocido; concurso públicos en los que hay invitados con colaboración pagada, parentescos de alcances inesperados; políticos y burócratas en puga con técnicos dentro de un jurado; plazos y programas que no se cumplen; lugares de emplazamiento que se desechan; anonimatos que no se respetan. En general irregularidad, falta de planeación, confusión de programas, olvido de la ética y de la cortesía.

Todo esto y más, que podríamos ampliar infinitamente, ha llegado a caracterizar nuestros concursos de arquitectura hasta hacerlos totalmente inoperantes, desorientadores e ineficaces, y hasta lograr que la mayoría de los arquitectos y artistas plásticos se hayan convertido en acérrimos y justificados enemigos de tales concursos. Rectifíquense estas equivocadas líneas de conducta y de corrección; estimúlese a los arquitectos y artistas a participar confiada y entusiastamente en estas competencias y tendremos en México por fin, en el terreno de la práctica profesional, una digna continuación de nuestras escuelas y un eficaz comportamiento de la tarea que desarrollamos en nuestras oficinas.

* Apareció en la web de Arquine. Tomado de Arquitectura y lo demás, volúmen II, núm. 10, México, septiembre de 1946 a abril de 1947, pp. 20-21 en Vargas Salguero Ramón y Arias Montes J. Víctor (2012), Ideario de los arquitectos mexicanos. Tomo III. Las nuevas propuestas. Conaculta. México.

Perro no come perro

Texto de Eduardo Cadaval aparecido en portavoz | @edcadavaln

La célebre frase que titula este texto va  más allá de la gran costumbre chilanga de lanzar un trozo de carne al perro callejero  más cercano al puesto de tacos  antes de deleitarse con el manjar escogido.  Si se comprueba que el can lo come sin remordimientos uno está más tranquilo: perro no come perro.

Todos sabemos que esto es un autoengaño y que existe la posibilidad real de no estar comiendo carne de res o cerdo, pero en ocasiones los tacos son urgencia y  si se les echa mucha salsa se anulan las tonalidades sospechosas al paladar y al mismo tiempo uno se desparasita. Un auténtico favor a la Secretaria de Salud. Patriotismo puro.

Entre arquitectos la crítica es descarnada si se trata de juzgar la calidad de obra de un colega, más aún si éste no está presente. Se evalúa hasta el más mínimo detalle y si no se cumple con los más altos estándares se descalifica la totalidad de la propuesta. Cualquier persona que muestra su trabajo públicamente es consciente de que éste será sometido a un exhaustivo escrutinio, pero en pocas ocasiones estos juicios logran convertirse en una crítica arquitectónica sólida que ayude a avanzar el estado de la profesión.

Lo paradójico es que cuando se juzgan los otros factores que intervienen en la realización de un proyecto – el método por el cual se obtuvo un encargo, la pertinencia de éste, o el proceder  profesional  de un colega–,  toda crítica se desvanece y un silencio cómplice hace pensar que  todo mundo se protege: perro no come perro.

Por intereses, por amistad,  por miedo a lanzar la primera piedra  o por reticencia a decir “de esta agua no beberé”, nadie toma postura. Se juzga rigurosamente el detalle superficial de un barandal de acero inoxidable, pero no si el proyecto fue asignado indebidamente. Se examinan los matices de la fachada del edificio público recientemente terminado pero no si ésta costó 3 veces más de lo presupuestado, o  si el comportamiento profesional del que la diseñó dilapidó el prestigio  de la profesión ante la dependencia que realizó el encargo.

La tolerancia gremial a las prácticas irregulares es alarmante. Como si se tratase de una asociación de víctimas de malos tratos, todo el mundo justifica los abusos del otro  como un acto  de autodefensa ante las arbitrariedades del sistema: que si trabajar con el gobierno es imposible, que si nunca se respeta el proyecto,  que si no hay otra forma de hacer las cosas o  que “¿a quién le dan pan que llore?”  Todo mundo se queja en la plática de café, pero nadie lo denuncia públicamente o hace algo por realmente cambiar las cosas.  Nos quejamos de que en México ningún político paga por sus abusos, pero no somos capaces de juzgar con el mismo rasero  a nuestros colegas. Adaptamos nuestras estrategias y argumentos  para  sobrevivir al sistema y al hacerlo terminamos por validarlo.

Estas líneas no pretenden ser sólo una recriminación sobre lo ya pasado, pues es cierto que muchos arquitectos  han  tenido que enfrentarse a duras condiciones laborales y han intentando en muchas ocasiones hacer las cosas lo mejor posible. Lo que sí pretendo decir es que podemos seguir quejándonos de todas las cosas que hace mal el gobierno y el colegio de arquitectos, o podemos empezar por cambiar nosotros y poco a poco construir una cultura democrática alrededor de los temas que afectan a la arquitectura pública para  que finalmente se propicie un cambio que haga inimaginable la situación actual.

Habrá quien piense que esta postura es de una inocencia brutal, argumentando que en México simplemente las cosas se hacen de otra forma y que lo otro conduciría al inmovilismo . A  esto respondería que no sólo es  brutalmente inocente pensar que podremos seguir operando ad infinitum como hasta ahora, sino que también es irresponsable. Si muchos de los actuales profesionales han tenido que desarrollar su vida profesional bajo complicadas condiciones laborales, por qué no hacer algo  por cambiarlas. Si admiramos la arquitectura que se da en otros contextos debemos preguntarnos cuáles son los factores que permiten que ésta se genere y trabajar para implementarlos.  El código genético de los españoles, suizos o colombianos  no es más apto para crear buena arquitectura que el que hay en México; sus estructuras  laborales sí lo son.