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respuestas

Respuestas a la carta que enviamos al INBA.

En respuesta a su atenta comunicación, y por indicaciones de la Directora General del Instituto Nacional de Bellas Artes, María Cristina García Cepeda, agradezco sus observaciones y expreso a ustedes nuestra coincidencia con algunos de sus puntos de vista.

Asimismo, hago de su conocimiento que desde un principio se planteó hacer una convocatoria abierta, misma que pronto se hará pública.
 
Quedo a sus órdenes para cualquier comunicación adicional que requieran.
 
Favor de confirmar que recibieron este correo.
 
Dr. Xavier Guzmán Urbiola
 
 
 
Estimados amigos:
 
En atención de su comunicado, sé que ya enviaron por esta vía acuses de recibido tanto la Directora General del Instituto Nacional de Bellas Artes, María Cristina García Cepeda, como el Subdirector General de Patrimonio Artístico, Xavier Guzmán Urbiola, reitero y comparto el interés de la Dirección a mi cargo en el tema de la Bienal de Arquitectura 2014.
 
Me sumo también al agradecimiento de sus observaciones y a la coincidencia con algunos de sus comentarios y les informo que pronto se hará pública la convocatoria.
 
Favor de confirmar que recibieron este correo.
saludos cordiales
 
Dolores Martínez
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Sobre la Bienal de Venecia 2014

Arquitecta Dolores Martínez Orralde

Dirección de Arquitectura y Conservación del Patrimonio Artístico Inmueble

Instituto Nacional de Bellas Artes

PRESENTE

1º de Septiembre del 2013

Estimada Arquitecta Dolores Martínez:

En seguimiento a la comunicación que establece que la Dirección que usted encabeza se hará cargo de la participación de México en la próxima Muestra Internacional de Arquitectura de la Bienal de Venecia 2014, deseamos exponer las siguientes recomendaciones con objeto de lograr que el Pabellón que representará a nuestro país cumpla con las mejores condiciones profesionales e institucionales, en el marco de un proceso transparente y sujeto a normas y procedimientos que le den legitimidad y calidad.

Desde hace varios años, muchos profesionales e instancias gremiales hemos expresado nuestra preocupación tanto por mantener una presencia constante en los más importantes foros de arquitectura a nivel internacional, como por mejorar los procedimientos de selección y participación en los mismos.

Han pasado más de 8 meses desde que se anunció el director y el tema de la próxima Muestra Internacional de Arquitectura de la Bienal de Venecia, y a pesar de eso en México no ha habido ni convocatoria ni comunicación de cómo se va a decidir sobre el curador, los criterios de selección o los posibles participantes.

En ediciones anteriores las participaciones de México en la Muestra Internacional de Arquitectura de la Bienal de Venecia han contado con presupuestos, tiempos de decisión y definición limitados e incluso en el 2010, a pesar de haberse iniciado un proceso, la participación fue cancelada por motivos diversos. Aún reconociendo que en el 2008 y 2012 se hayan cumplido los objetivos planteados, no se contó con un proceso adecuado de análisis y selección previos y tanto los curadores como los participantes fueron designados de manera directa, precisamente por las limitaciones de tiempo.

Es común que otros pabellones nacionales inicien el proceso de análisis, selección de curador y participantes con tiempo suficiente y a través de procedimientos abiertos, mediante concursos en los que se establecen con claridad los mecanismos para tal efecto. Solo como ejemplo, mencionamos los casos de España y Chile, que pueden servir como modelo para crear nuestro propio proceso.

En este sentido, y aun reconociendo que los tiempos siguen operando en contra, proponemos que para la participación del 2014 se elabore un mecanismo basado en la transparencia, equidad y legitimidad y que cuente con el más alto nivel de competencia. Por lo anterior, proponemos en primera instancia que tanto el INBA como Conaculta establezcan los lineamientos para convocar públicamente a los aspirantes para desempeñar los cargos de Comisario y/o Curador(es), quienes a su vez decidirán sobre los criterios, participantes y conceptos a presentarse en el marco del tema general de la Bienal. Esto puede servir como un innovador y positivo precedente para futuras participaciones.

Quienes suscribimos la presente contamos con experiencia en bienales anteriores, representando sectores del ámbito profesional, gremial, académico y editorial. Pensamos que tanto por las buenas experiencias como por las malas que hemos tenido, podemos contribuir a informar un mejor proceso. Precisamente porque lo que nos interesa es la transparencia y equidad en los procesos, los que firmamos nos comprometemos a no participar en este proceso como curadores o arquitectos participantes para evitar conflictos de interés.

Nos gustaría proponerles una reunión para conocer los objetivos a corto y mediano plazos en relación a la Bienal de Venecia, intercambiar opiniones y así lograr no solo el mejor proyecto posible para el Pabellón de México en la Bienal sino mayor certeza y claridad en los futuros procedimientos. Sobra decir que el tiempo apremia.

Un saludo y agradecimiento de antemano,

Axel Araño, Salvador Arroyo, Eduardo Cadaval, Fernanda Canales Jose Castillo, José Luis Cortés, Antonio Gallardo, Alejandro Hernández, Arturo Ortiz, Francisco Pardo, Felix Sánchez

Las universidades como parte del problema

Texto de Eduardo Cadaval aparecido en portavoz | @edcadavaln

Si todos nos quejamos del estado actual de la arquitectura pública en México ¿por qué no buscar las causas que han originado esta situación? Un ejercicio más riguroso nos pediría ir más allá para  saber quiénes han sido los responsables y buscar cuáles son las posibles soluciones. Dicho análisis exhibiría muchos elementos  que cumplirían la doble condición de ser responsables de lo sucedido y al mismo tiempo parte indispensable de la solución. En un lugar destacado se hallarían las universidades por su importancia y las repercusiones de lo que se  enseña en sus aulas, parece difícil conseguir cambio alguno si éste no ocurre también en los lugares donde se reflexiona y donde se dan los primeros pasos en la larga trayectoria de aprendizaje que requiere la profesión.

México es el país con más escuelas de arquitectura del mundo. Sobra decir que muchas son auténticas bromas o entran en la  fantástica categoría “patito”.  Muchas otras creen que por estar cerca de Dios -según ellos- o tener rimbombantes nombres anglosajones, esquivan esta clasificación, pero la calidad de su enseñanza demuestra lo contrario. No es un tema menor el preguntarse cómo es que todas estas pseudo instituciones han logrando obtener un registro oficial para ofrecer un título universitario, tampoco lo es el que no exista una mínima supervisión sobre el tipo de educación que ofrecen.  En un país tan desigual como México, la calidad de la educación es un elemento que contribuye al  desequilibrio: si la calidad de la enseñanza es desigual, las oportunidades también lo serán.

Lo dramático es que las escuelas patito no son el verdadero problema. Sí lo son la mayoría de las grandes escuelas de arquitectura del país que, por omisión o enfoque, han contribuido a la situación actual. Las universidades no se han preocupado por construir un ámbito laboral apropiado donde sus egresados puedan desenvolverse. En las escuelas de arquitectura no  existe un debate en torno a las  condiciones laborales o temas gremiales que permitan crear espacios para el adecuado ejercicio de la profesión. No hay ninguna discusión sobre cómo se debe gestionar la arquitectura pública del país. Nadie asesora o propone lineamientos a las dependencias gubernamentales sobre cómo deben llevarse a cabo los proyectos financiados con dinero público. Las instituciones académicas no ejercen presión alguna para que las cosas cambien y ni una sola facultad o escuela puede jactarse de ser pionera en este ámbito o de  tener expertos trabajando en temas de desarrollo laboral  o sobre condiciones equitativas para la profesión. Sus investigadores publican ensayo tras ensayo sobre arquitectura virreinal o sistemas paramétricos  pero nadie trabaja sobre temas gremiales de urgente actualidad.

¿No parece irresponsable preocuparse sólo por formar estudiantes y descuidar las condiciones en las que estos trabajarán?  ¿Cómo un profesor puede exigir el compromiso de sus alumnos sabiendo que al final se enfrentaran  a un sistema carente de reglas si él no hace nada por cambiarlo? En el caso de las universidades públicas este compromiso debería ser indiscutible. Como instituciones financiadas por el conjunto de la sociedad, su responsabilidad última debiera ir mucho mas allá de tan solo formar  licenciados. Deberían ser capaces de influir en otros ámbitos de  la profesión para así responder a las verdaderas demandas del país.

En el caso de las universidades privadas no existe ninguna razón para que esta exigencia fuese distinta. El problema es que muchas de ellas se han convertido en burdos negocios  donde los estudiantes son tratados como  clientes. No se les enseña, se les atiende.  Nadie reprueba y  lo importante es que los alumnos  estén cómodos y paguen su colegiatura. El propósito principal ya no es educar sino mantener la  maquinaria funcionando: que las inscripciones no caigan; y para eso las escuelas han de trabajar con temas atractivos aunque a veces resulten superficiales. Dejan de lado discusiones sobre el estado de la profesión y sus contingencias porque a sus ojos resultan de gestión o  para malos arquitectos.

A quien considere que  exagero  le pido se pregunte  ¿qué papel juegan las universidades en el estado actual de la profesión y cuál es el que realmente deberían jugar? Las escuelas de arquitectura están cada día mas desligadas de las problemáticas reales de la profesión y lo que es peor es que se  consideran ajenas a muchas de las discusiones que afectan  a ésta.  En el caso particular de la que atañe a  la arquitectura  pública en México,  las universidades tendrían que aportar un poco de luz y claridad al tema,  ser uno de los epicentros del debate sobre cómo ésta se debe gestionar y presionar para que  las cosas se hagan de forma correcta. Tener profesores e investigadores proponiendo soluciones y explorando nuevos caminos que permitan, por ejemplo, crear condiciones claras y justas de contratación de proyectos y servicios. Brindando asesorías a gobiernos, ONGs o instancias financiadoras y coordinando grupos interdisciplinarios entre facultades para poder abordar los distintos aspectos que una reforma o ley requeriría.

Quizá lo más importante es que todo lo anterior permitirá crear una ambiente  donde los estudiantes  se formen en una nueva cultura de transparencia y exigencia en el rendimiento de cuentas. En el caso de cómo se gestiona la arquitectura pública del país no se logrará ningún cambio real si éste no cuenta con el respaldo del mundo universitario y, sobre todo, sin el apoyo y  la fuerza de los estudiantes y los arquitectos jóvenes. Intuyo que en este tema  más pronto que  tarde las nuevas generaciones terminarán por darnos una gran lección a todas las anteriores para ayudar a que las cosas cambien definitivamente .

la bienal de venecia

Alejandro Hernández Gálvez | @otrootroblog

hace seis meses —el ocho de enero del 2013— se anunció al director de la bienal de venecia del 2014: rem koolhaas. más allá de lo que algunos piensen sobre koolhaas, la noticia era buena por dos razones: la capacidad demostrada del holandés para plantear de manera crítica temas importantes no sólo para la arquitectura como disciplina sino para la cultura actual en general, y la anticipación, que permitiría mayor planeación tanto de la parte principal de la exhibición como de las exhibiciones de los distintos países que participen. daba tiempo perfecto para entender el planteamiento de koolhaas y actuar en consecuencia.

koolhaas ha propuesto como título de la muestra fundamentalsuna bienal “acerca de arquitecturas y no de arquitectos” que intente entender las historias, múltiples pero convergentes —la idea de koolhaas es que las identidades locales han ido desapareciendo— de los cien años que han pasado del estallido de la primera guerra, en 1914, al próximo año.

hoy faltan 11 meses para que se inaugure la bienal de arquitectura de venecia del 2014 —el 7 de junio— y, que yo sepa, en méxico aun no sabemos de qué se tratará ni cómo será lo que envíe el país. lo lógico sería que, como en otros países —chile, estados unidos, canadá o australia, por ejemplo— ya se hubiera convocado a un concurso para seleccionar una propuesta y al o los curadores o curadoras que estarán a cargo. aunque ya lo sabemos: acá eso no se acostumbra. lo usual es el dedazo: la asignación directa del encargo.

no sólo habría que esperar —paciente y pasivamente— sino, como gremio, exigir al consejo nacional para la cultura y las artes y a su presidente, rafael tovar de teresa, al instituto nacional de bellas artes y su directora, maría cristina garcía cepeda, a los colegios y asociaciones de arquitectos del país, que pongan manos a la obra, que no desperdicien esos once meses y que, a la brevedad, publiquen las bases del concurso para la curaduría, pues el tiempo ya es justo para poder preparar algo inteligente e interesante que llevar a venecia. si no lo hacen, y pronto, será muestra no sólo de irresponsabilidad sino de total desinterés por las formas democráticas.

Los concursos de arquitectura

Texto de Mauricio Gómez Mayorga, publicado en 1946*

Pocas actividades arquitectónicas hay que, como los concursos de arquitectura, estimulen tanto y tan eficazmente las facultades creadoras del arquitecto. Diríamos que los concursos constituyen un necesario complemento de la carrera; una continuación de la escuela: una manera de forzoso curso de composición para postgraduados, sin el cual corre peligro el arquitecto de estancarse y de convertir su ejercicio profesional en mera tarea rutinaria sin contenido espiritual (y la arquitectura no es tal arquitectura si no tiene un contenido espiritual).

Pero no solamente a los arquitectos educan los concursos de arquitectura. El público que se entera de tales concursos, que asiste a las exposiciones de anteproyectos, que se entera por la prensa y por el cine de esas actividades: que oye hablar de los miembros del jurado y de los fallos que dan éstos, también recibe una importante educación arquitectónica de amplia difusión, que en nuestro medio es indispensable y de excepcional importancia. Para que ellos sea posible hace evidentemente falta que haya concursos de arquitectura. Hace falta que las empresas privadas, el gobierno, los sindicatos, las autoridades eclesiásticas organicen concursos de arquitectura y convoquen a los arquitectos. Pero no basta seguramente que haya frecuentemente concursos, y que los arquitectos hagan a un lado sus ocupaciones y entren a ellos.

Para que los certámenes rinda plenamente su servicio profesional y público y den de sí todo cuanto de ellos se espera, es preciso que a lo largo de toda su delicada y compleja elaboración y cumplimiento se observen prolija y escrupulosamente todos los necesarios principios de técnica y de ética profesional que deben normarlos. Es preciso que las justas de arquitectura constituyan el más alto exponente de cultura profesional que pueda darse; es necesario que estén al margen de personalismos, de pequeñas conveniencias, de intrigas menudas, de politiquerías, de envidias y de egoísmo.Para ello estas competencias deben estar cuidadosamente organizadas, deben tomar como base los lineamientos generales que con una acumulación de experiencia tiene formulados la Sociedad de Arquitectos Mexicanos; deben escoger de manera más escrupulosa un jurado idóneo e imparcial. La convocatoria debe ser un documento sumamente preciso, definitivo, inequívocamente claro, sin contradicciones ni ambigüedades, ni puntos oscuros que provoquen interpretaciones diversas de los concursantes o constantes consultas al Asesor Técnico. Miembros del jurado, asesor, fechas, compensaciones y premios; lugar, día, hora, condiciones de entrega; número de trabajos: todo debe ser notarialmente preciso y debe dar al presunto concursante una impresión de confianza, de firmeza, de seriedad.

Después, en el desarrollo del mismo concurso, toda prolijidad y todo rigor serán poco. Cualquier descuido en la observancia de las bases por parte de los organizadores, de los convocantes, o del asesor, puede ser causa del fracaso de desprestigio del concurso. El anonimato, por ejemplo, condición moral número uno, puede perderse en el momento de ser cometida la más insignificante indiscreción. En este delicado punto, concursantes, organizadores, asesor y miembros del jurado deben ser meticulosos hasta la exageración y deben absolutamente tener la rectitud moral suficiente para cuidar ese anonimato como de la totalidad del concurso. Cuando, como ocurrió inexcusablemente en el concurso al que está dedicado el presente número de esta revista, la exposición pública de los trabajos se abre antes de que falle el jurado, y antes de que ese fallo se dé a conocer, entonces hasta la sombra del anonimato desaparece, con grave perjuicio de la marcha del concurso y con un resultado de la desorientación para el público y de disgusto justificado de los concursantes.

La exposición pública de los trabajos es punto de capital importancia. Los concursos de Arquitectura tienen, como decíamos, una alta misión educativa de trascendencia colectiva. No sólo educan al concursante en la creación y en la disciplina; no sólo educan (o deberían educar) a los jurados en la crítica y en el ejercicio de la justicia, sino también, y muy importantemente, deben educar al público en general sobre el aspecto, el sentido, la aplicación de la arquitectura y la función social de los arquitectos. Cuando la exposición está debidamente organizada y ha quedado en manos del asesor técnico o de persona escogida para el caso y muy particularmente, cuando esa exposición al público después de dado a conocer oficialmente el fallo del jurado, entonces es cuando su sentido de orientación cultural de la gente alcanza un máximo.

En varios, en casi todos los concursos que hemos tenido recientemente en la ciudad, hemos visto descuidarse o ignorarse en forma a veces grave las condiciones que hemos apuntado, y sin cuyo exacto cumplimiento estas justas son más perjudiciales que benéficas. Hemos visto convocatorias confusas y mal redactadas, premios raquíticos, fallos increíbles, compensaciones que no se pagan, jurados contradictorios, opiniones que se hacen públicas antes de que el fallo sea oficialmente conocido; concurso públicos en los que hay invitados con colaboración pagada, parentescos de alcances inesperados; políticos y burócratas en puga con técnicos dentro de un jurado; plazos y programas que no se cumplen; lugares de emplazamiento que se desechan; anonimatos que no se respetan. En general irregularidad, falta de planeación, confusión de programas, olvido de la ética y de la cortesía.

Todo esto y más, que podríamos ampliar infinitamente, ha llegado a caracterizar nuestros concursos de arquitectura hasta hacerlos totalmente inoperantes, desorientadores e ineficaces, y hasta lograr que la mayoría de los arquitectos y artistas plásticos se hayan convertido en acérrimos y justificados enemigos de tales concursos. Rectifíquense estas equivocadas líneas de conducta y de corrección; estimúlese a los arquitectos y artistas a participar confiada y entusiastamente en estas competencias y tendremos en México por fin, en el terreno de la práctica profesional, una digna continuación de nuestras escuelas y un eficaz comportamiento de la tarea que desarrollamos en nuestras oficinas.

* Apareció en la web de Arquine. Tomado de Arquitectura y lo demás, volúmen II, núm. 10, México, septiembre de 1946 a abril de 1947, pp. 20-21 en Vargas Salguero Ramón y Arias Montes J. Víctor (2012), Ideario de los arquitectos mexicanos. Tomo III. Las nuevas propuestas. Conaculta. México.

Perro no come perro

Texto de Eduardo Cadaval aparecido en portavoz | @edcadavaln

La célebre frase que titula este texto va  más allá de la gran costumbre chilanga de lanzar un trozo de carne al perro callejero  más cercano al puesto de tacos  antes de deleitarse con el manjar escogido.  Si se comprueba que el can lo come sin remordimientos uno está más tranquilo: perro no come perro.

Todos sabemos que esto es un autoengaño y que existe la posibilidad real de no estar comiendo carne de res o cerdo, pero en ocasiones los tacos son urgencia y  si se les echa mucha salsa se anulan las tonalidades sospechosas al paladar y al mismo tiempo uno se desparasita. Un auténtico favor a la Secretaria de Salud. Patriotismo puro.

Entre arquitectos la crítica es descarnada si se trata de juzgar la calidad de obra de un colega, más aún si éste no está presente. Se evalúa hasta el más mínimo detalle y si no se cumple con los más altos estándares se descalifica la totalidad de la propuesta. Cualquier persona que muestra su trabajo públicamente es consciente de que éste será sometido a un exhaustivo escrutinio, pero en pocas ocasiones estos juicios logran convertirse en una crítica arquitectónica sólida que ayude a avanzar el estado de la profesión.

Lo paradójico es que cuando se juzgan los otros factores que intervienen en la realización de un proyecto – el método por el cual se obtuvo un encargo, la pertinencia de éste, o el proceder  profesional  de un colega–,  toda crítica se desvanece y un silencio cómplice hace pensar que  todo mundo se protege: perro no come perro.

Por intereses, por amistad,  por miedo a lanzar la primera piedra  o por reticencia a decir “de esta agua no beberé”, nadie toma postura. Se juzga rigurosamente el detalle superficial de un barandal de acero inoxidable, pero no si el proyecto fue asignado indebidamente. Se examinan los matices de la fachada del edificio público recientemente terminado pero no si ésta costó 3 veces más de lo presupuestado, o  si el comportamiento profesional del que la diseñó dilapidó el prestigio  de la profesión ante la dependencia que realizó el encargo.

La tolerancia gremial a las prácticas irregulares es alarmante. Como si se tratase de una asociación de víctimas de malos tratos, todo el mundo justifica los abusos del otro  como un acto  de autodefensa ante las arbitrariedades del sistema: que si trabajar con el gobierno es imposible, que si nunca se respeta el proyecto,  que si no hay otra forma de hacer las cosas o  que “¿a quién le dan pan que llore?”  Todo mundo se queja en la plática de café, pero nadie lo denuncia públicamente o hace algo por realmente cambiar las cosas.  Nos quejamos de que en México ningún político paga por sus abusos, pero no somos capaces de juzgar con el mismo rasero  a nuestros colegas. Adaptamos nuestras estrategias y argumentos  para  sobrevivir al sistema y al hacerlo terminamos por validarlo.

Estas líneas no pretenden ser sólo una recriminación sobre lo ya pasado, pues es cierto que muchos arquitectos  han  tenido que enfrentarse a duras condiciones laborales y han intentando en muchas ocasiones hacer las cosas lo mejor posible. Lo que sí pretendo decir es que podemos seguir quejándonos de todas las cosas que hace mal el gobierno y el colegio de arquitectos, o podemos empezar por cambiar nosotros y poco a poco construir una cultura democrática alrededor de los temas que afectan a la arquitectura pública para  que finalmente se propicie un cambio que haga inimaginable la situación actual.

Habrá quien piense que esta postura es de una inocencia brutal, argumentando que en México simplemente las cosas se hacen de otra forma y que lo otro conduciría al inmovilismo . A  esto respondería que no sólo es  brutalmente inocente pensar que podremos seguir operando ad infinitum como hasta ahora, sino que también es irresponsable. Si muchos de los actuales profesionales han tenido que desarrollar su vida profesional bajo complicadas condiciones laborales, por qué no hacer algo  por cambiarlas. Si admiramos la arquitectura que se da en otros contextos debemos preguntarnos cuáles son los factores que permiten que ésta se genere y trabajar para implementarlos.  El código genético de los españoles, suizos o colombianos  no es más apto para crear buena arquitectura que el que hay en México; sus estructuras  laborales sí lo son.

La puta y la ramoneta

Texto de Eduardo Cadaval | @ecadavaln publicado en  portavoz

La expresión jugar a la puta y la ramoneta es comúnmente utilizada en Cataluña para describir una postura ambivalente con el fin de obtener algún beneficio de dicha actitud. Durante muchos años se dijo que Convergencia i Unió —el partido nacionalista que ha gobernado Cataluña la mayor parte del tiempo desde que se instauró la democracia en España—  jugaba a la puta y la ramoneta para describir los coqueteos que hacía por un lado con el independentismo catalán y por el otro con el gobierno español. La indefinición como la estrategia más rentable;  hablar con el diablo y con dios, por si acaso, y además sacar un rendimiento de ello.

A muchos arquitectos no les tienen que explicar el significado de esta expresión, son expertos en el juego. La mayoría de los pertenecientes al llamado Star-system internacional prestan encantados sus servicios a regímenes dictatoriales o construyen museos y salas filarmónicas monumentales para algún jeque árabe. No importa que estos edificios sean un coto exclusivo de la familia real o de algunos turistas de élite ni que se hayan construido bajo extremas condiciones de explotación laboral. Siempre existe un argumento para limpiar las conciencias de los titulares de estas oficinas situadas a miles de kilómetros de la obra. En  París, Londres o Nueva York.

En  México las cosas no son muy distintas. El afán de construir de muchos arquitectos genera a menudo la justificación de lo injustificable: trabajar para  un político irresponsable o un empresario sin escrúpulos, una lideresa sindical corrupta o una dependencia gubernamental con urgencia por ejercer el presupuesto anual sin ningún criterio más allá del de no perder sus ingresos futuros. Los arquitectos nos hemos acostumbrando a bailar al son que nos toquen. No sabemos decir que no y nos engañamos pensando que nuestro fin justifica sus medios.

¿Qué pasaría si un visionario político y un grupo de empresarios quisiera construir un centro comercial en los terrenos del bosque de Chapultepec? ¿Habría algún arquitecto que se apuntaría? La pregunta no es sólo retórica, es también estúpida: ¡por supuesto que habría algún listo que aceptaría el reto! Exageremos más entonces: ¿Si alguien quisiera hacer una tienda Wal-Mart en Teotihuacan? ¡Ah no, esa ya está hecha!  Bueno, ¿qué tal el corporativo de esta cadena de tiendas en la tumba de Benito Juárez? ¿Sería también un reto arquitectónico? ¿Alguien aceptaría el encargo? ¿Dónde está el límite que haría entender que hay cosas que no se pueden hacer?

Si aceptamos que hay proyectos que simplemente no deben hacerse, por qué no pensar que también hay procedimientos que no deben aceptarse. Modos de gestionar las cosas de los que sencillamente uno no puede formar parte pues no sólo no aportan ningún beneficio al pacto democrático, por el contrario, lo dañan y no contribuyen a la construcción de un ámbito adecuado para el ejercicio de la profesión. Quizá deberíamos comenzar a valorar a los arquitectos no sólo por los edificios que han hecho sino también por los que decidieron no hacer, por las cosas en las que decidieron no participar. Juzgar de forma integral la figura del arquitecto, no sólo por la calidad de la obra, sino también por su compromiso y comportamiento profesional.

Hace poco Juan Carlos Tello se preguntaba atinadamente cuáles hubiesen sido las repercusiones si Teodoro Gonzalez de León en lugar de aceptar el encargo para proyectar el edificio que remplazará al conjunto Manacar hubiese rechazado el proyecto y denunciado la demolición de esta importante pieza de la historia de la arquitectura moderna de México. Debido a la envergadura de la figura de Gonzalez de León una hipotética denuncia pública sobre el derribo de este conjunto proyectado por Enrique Carral, Victor Bayardo y Hector Meza hubiese creado un precedente de enorme trascendencia para fortalecer  los esfuerzos de preservación del patrimonio arquitectónico del siglo XX que, a fin de cuentas, también incluye una gran cantidad de obra del Arquitecto Gonzalez de León.

En México se da la particularidad de que el grupo de arquitectos que recibe atención de los medios, gana concursos —cuando los hay— o es buscado por empresarios o políticos, es particularmente reducido y que además la gran mayoría de sus integrantes —especialmente en las nuevas generaciones— comparte excelentes relaciones. ¿Qué pasaría si este grupo se cerrara en banda, si a través de una acción coordinada comenzaran a exigir reglas del juego más justas, si dejaran todos de golpe de atender a cualquier pseudo-concurso o denunciaran las ocurrencias o métodos  de algún irresponsable gobernador en lugar de aceptar la oferta de un encargo?  Bastaría con pactarlo, y a quien no lo cumpliera, exhibirlo. Seguramente un activismo de este tipo serviría más para comenzar a construir una masa crítica y poder cambiar las cosas, que esperar a que los anquilosados colegios de arquitectos reaccionen y hagan su trabajo.

A los estudiantes de arquitectura les propongo un ejercicio: la próxima vez que asistan a una conferencia tengan una actitud más crítica y si  algún arquitecto les explica sus grandes logros pagados con dinero público, interróguenlo sobre la forma y modo en que recibió y gestionó el encargo. Pasarán un buen rato escuchando sus justificaciones y de paso ayudarán a que las cosas comiencen a cambiar. El escrutinio público es una herramienta poderosa y una de las más eficaces para controlar el comportamiento humano; como en México hay poco, es fácil inventarnos la realidad que más conviene, la  que nos permite justificar nuestros actos y limpiar la conciencia.